Adultez es no solo dominar tus emociones a veces, ser adulto también es pagar tus deudas, cumplir horarios, dominarte, amar algo seguro, decir cosas bonitas, medir tus malas palabras delante de alguien, implica también quererte, cuidarte, lavar tu ropa, ahorrar, comprar tus remedios, visitar al doctor por tu voluntad, comer algo sano de vez en cuando, tomar agua para cuidarnos, apagar las luces resguardando el monto del recibo, ser grande es dejar a las personas que quieres a veces, pensar con la cabeza, ser responsable con los sentimientos ajenos, es aprender a ocultar las lagrimas, a aceptar a superiores incapaces, defender nuestro punto de vista, mejorar nuestras mentiras, aprender a decir me equivoqué con alegría, ser adulto resulta aburrido si nos metemos en lo “correcto” según los demás.
Lo peor de ser adulto es que pensamos que debemos dejar a nuestro niño. Y mi yo adulto no es nadie sin mi niño.
Yo quisiera amar sin límites y dar más de lo que me conozco, yo quisiera saber cómo recibir el amor de los demás y quedármelo, me encantaría dominar mis celos, temores y largarme de la mano con quien en mi vida me regalo un vistazo de la felicidad que se puede gozar y yo cobardemente adulta no reconozco como mi felicidad también.
Aprender a perdonar es de adultos, el adulto ama como niño. Llora como niño, ríe como niño.
En nuestros momentos más importantes es nuestro niño quien manda. Es nuestro niño que vence al adulto que nos han hecho pensar que debemos ser.
Mi niño ama y le duele perder.
Mi niño llora de felicidad y de impotencia por no saber qué hacer
Mi adulto aprende del sentimiento que mi niño le da.
Nunca dejaré de ser niño y mi adulto será feliz.
Muy feliz
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada